Martinez, María Cano

Maria Cano Martinez and her work interpreting for Spanish patients in healthcare

Article on María Cano Martinez and her work interpreting for Latino patients at the University of Iowa Hospitals and Clinics.

"Memoir of María Cano Martinez" by Vincent P. Cano

Excerpts from a memoir of María Cano Martinez. You can read the full memoir at the Iowa Digital Library.

"Memoir of María Cano Martinez" by Vincent P. Cano

The family of María Cano Martinez: Art, Bob, Vice, Josie, Dee, Elena, Rosy, Molly (top row left to right) and Leno and María (bottom row)

María Cano Martinez honored for longtime service to Hispanics

María Cano Martinez honored for longtime service to Hispanics.

El Laberinto article about María Cano Martinez, 1984

El Laberinto article about María Cano Martinez, 1984

Announcement of the death of María Cano Martinez

Announcement of the death of María Cano Martinez.

María Cano Martinez (1925-1983)

Written by Catherine Babikian; translated into Spanish by students of the course "Translation Workshop: English into Spanish" taught by Pilar Marcé (Fall 2015)

The daughter of migrant workers, María Cano Martinez was born in 1925 in Guanajuato, Mexico, to Magdaleno and María Cano. A year later, the family moved to northern Minnesota, where they worked as agricultural laborers in the sugar beet fields.

When that work ended, the Canos considered making their way to Chicago, but instead chose to settle in Iowa. They moved to West Liberty, and then to Iowa City, where they first lived in a railroad boxcar on Dodge Street. María’s father found work on a section crew with the Rock Island Railroad. “I will always remember him coming home from work about 4:30 in the afternoon,” remembered María’s brother, Vincent Cano, “wearing that tan straw hat with the sun visor cut into the front rim, and smelling of creosote from the track he had laid that day.”

Understanding English was a constant challenge for María’s family, and María remembered those difficulties long into her professional career. A work accident left her father in the hospital for six months, and the Canos had difficulty communicating with an English-speaking hospital staff. At the Iowa City school she attended, María received little support in her efforts to learn English.

(María) Those first four years were a nightmare for me. I had a feeling I did not belong. But once I broke the language barrier things came easily. At the same time, my father spent four years learning English at night school, at what is now Central Junior High.

While employed as a medical secretary at the University of Iowa Hospitals and Clinics, María served as a volunteer interpreter for the hospital’s Spanish-speaking patients. For over twenty-five years, she assisted individuals from Cuba, Mexico, Chile, and Venezuela, as well as migrant workers from eastern Iowa and the greater Midwest. Her work laid the foundation for the formal establishment of the University of Iowa Hospital & Clinics (UIHC) Interpreter Services program in 1975. She became the program’s first director and the hospital’s first full-time interpreter.

“My love and concern for my raza cannot be measured in dollars and cents,” she wrote shortly after taking up the new position. “I will use all the resources available to give my raza the service they deserve.” Her co-worker, Ozzie Diaz-Duque, remembered María's leadership in the hospital. 

(Ozzie Diaz-Duque) I met María Martinez in 1974, when, in a moment of rare altruism for a twenty-two year old college student, I presented myself at University Hospitals as a potential volunteer…I bumped into a 5 foot 2, atomic powered Mexican woman who, in a matter of thirty seconds, introduced herself, welcomed me to the hospital with a hug and kiss, evaluated my bilingualism, and sent me to the intensive care unit to interpret for a migrant worker who had been injured in a farming accident. She, in turn, rushed to the delivery room to facilitate communication there.

María’s role in the hospital was a personal one. She worked closely with patients and hospital staff, often spending whole days or nights with families, brought homemade Mexican dishes to long-stay patients, and offered her home to patients in need. Most of all, she drew on her own life experience to advocate for the Latino community, both inside and outside the hospital. “You can’t say to a mother who is miles from home with a dying baby, ‘Contact me at eight in the morning.’ I simply can’t do it,” María once remarked. “These are my people, and believe me, I’ve been there.”

María died of cancer in 1983. But the interpreter service she started continued and expanded to provide services in over thirty languages, including Vietnamese, Chinese, and Thai.

 

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María Cano Martínez (1925-1983)

María Cano Martínez nació en 1925 en Guanajuato, México, hija de los trabajadores migrantes Magdaleno y María Cano. Un año más tarde, la familia se mudó al norte de Minnesota, donde trabajaron como jornaleros agrícolas en los campos de remolacha azucarera.

Cuando ese trabajo terminó, los Cano pensaron en mudarse a Chicago, pero en cambio escogieron instalarse en Iowa. Se trasladaron a West Liberty y, después, a Iowa City, donde vivieron primero en un furgón ferroviario en la calle Dodge. El padre de María encontró trabajo en una brigada de sección para la ferrocarrilera Rock Island Railroad. “Siempre lo recordaré llegando a casa del trabajo a eso de las 4:30 de la tarde, llevando aquel sombrero de paja canela con un visera recortada en el ala delantera y oliendo a creosota de la vía que había puesto ese día”, contaba el hermano de María, Vincent Cano.

Entender inglés era un desafío constante para la familia de María y ella recordó esas dificultades a lo largo de su carrera profesional.  Debido a un accidente de trabajo, su padre estuvo ingresado en el hospital durante seis meses y los Cano tenían problemas para comunicarse con el personal sanitario angloparlante. En la escuela de Iowa City a la que asistió, María recibió poca ayuda en sus esfuerzos por aprender inglés.

(María) “Esos primeros cuatros años fueron una pesadilla para mí porque sentía que yo no encajaba, pero superé la barrera de idioma, todo fue más fácil. Al mismo tiempo, mi padre pasó cuatro años estudiando inglés en la escuela nocturna, que ahora es Central Junior High.”

Mientras trabajaba como secretaria médica en los Hospitales y Clínicas de la Universidad de Iowa, María sirvió como intérprete voluntaria para los pacientes hispanoparlantes. Durante más de veinticinco años, ayudó a personas procedentes de Cuba, México, Chile y Venezuela, así como a trabajadores migrantes del este de Iowa y de la mayor parte del Medio Oeste. Su trabajo estableció los cimientos para el establecimiento oficial del programa de los servicios de interpretación de los Hospitales y Clínicas de la Universidad de Iowa en 1975. María se convirtió en la primera directora del programa e intérprete del hospital a jornada completa.

“Mi amor y preocupación por mi raza no se pueden medir en dólares y centavos”, escribió Mary poco después de aceptar la posición. “Usaré todos los recursos disponibles para ofrecer a mi raza el servicio que merece.” Su compañero de trabajo, Ozzie Díaz-Duque, recordó el liderazgo de María en el hospital.

(Ozzie Díaz -Duque) “Yo conocí a María en 1974, cuando, en un momento de altruismo raro para un universitario de veintidós años, me presenté en los Hospitales de la Universidad de Iowa como posible voluntario… Me tropecé con una mujer mexicana de 1,57 metros rebosante de energía y vitalidad que, en cuestión de treinta segundos, se presentó, me dio la bienvenida al hospital con un abrazo y un beso, evaluó mi bilingüismo y me envió a la unidad de cuidados intensivos para interpretar a un trabajador migrante que se había lesionado en un accidente agrícola. Ella, por su parte, se apresuró a ir a la sala de partos para facilitar la comunicación allí”.

Para María, su papel en el hospital era algo personal: trabajó estrechamente con los pacientes y empleados del hospital, a menudo pasando días y noches enteras con familias, llevando platos mexicanos caseros a los pacientes ingresados de larga estancia y ofreciendo su casa a los pacientes que lo necesitaran. Sobre todo, se basó en sus propias vivencias para abogar por la comunidad latina, dentro y fuera del hospital. En una ocasión, María comentó: “No se le puede decir a una madre que está a kilómetros de casa y con un bebé agonizante, ‘Llámeme a las ocho en la mañana’, simplemente yo no puedo hacerlo. Esta es mi gente y créame, he pasado por lo mismo.”  

María murió de cáncer en 1983, pero el servicio de intérpretes que ella fundó no sólo continuó, sino que se amplió para proveer servicios en más de treinta idiomas, incluidos vietnamita, chino y tailandés.

Translated by students of the course Translation Workshop: English into Spanish taught by Pilar Marcé (Fall 2015).

Martinez, María Cano