Mendoza, Rosa

Rosa Mendoza

Rosa Mendoza, Executive Director, Diversity Service Center of Iowa. (Photograph by Tarsicio Macias, Hola America Media Group)

Rosa Mendoza (born 1960)

Written by Catherine Babikian; Translated into Spanish by students of the course Translation Workshop: English into Spanish taught by Pilar Marcé (Spring 2016).

“When I hear someone say ‘I’m an American’—what does that actually mean?” asks Rosa Mendoza, director of the Diversity Service Center of Iowa and long-time resident of Muscatine, Iowa. “What does it really feel like to be an American?”

Born in central Florida, Rosa was raised in a three-bedroom house in south Texas, but her family spent much of the year away from home. Each April, they began a circular migration path that took them to farms across the United States. It began in Texas, when Rosa and her siblings left school to pick onions, melons, and sweet peppers at farms around the state. From there, they headed to North Dakota to cultivate sugar beets in fields less than ten miles from the Canadian border. Some summers they went to Ohio to pick tomatoes and cucumbers; in later years they worked tomatoes in New Boston, Illinois. In October the family returned to Texas, but every November, Rosa’s father went to Florida to pick oranges and grapefruit. “Working out in the fields with my parents, I learned a lot about them,” Rosa says. “I saw how hard they worked and how dedicated they were to doing the best they could.”

I remember in the fields we would be out in the fields by five o’clock in the morning, when we would hoe sugar beets. And then my dad would say, “Well, we will finish so many rows and then we’ll have breakfast.” And then at a certain time he would look up and look at the sun and look at his shadow and he said, “Now it’s time for lunch.” And then at the same time, when it was time for us to finish, he would always look at the sun again and his shadow and then he said, “It’s time to go home.” When his shadow would get up to a certain point, then he knew it was already late.

 

Even when she [my mother] was pregnant from us, she would work out in the fields. I even remember the last time from my sister... I remember that my mom said to my dad, they had already finished one of the rows and were at the head of the field by the truck drinking water. And I remember my mom telling my dad, “I’m experiencing labor pains already.” So my dad said, “Okay, why don’t you walk home and tell the farmer.” … And I remember that day just so clear, I remember seeing my mom walking and staring at her until I could no longer see her.

 

In 1977, a newly-wed Rosa decided to “settle out” of the migrant stream and put down roots in Muscatine. She was familiar with the town from her time in New Boston, which was just across the Mississippi River. But she received a very different welcome than she had expected. “People appreciated us as migrant workers,” she remembered. “When we started settling here, they viewed us very differently.” Few Latino families stayed in Muscatine year-round; most moved back to Texas each winter, as Rosa’s own family had done in the past.

I remember we were at McDonald’s [in Muscatine]. We were in line, waiting to get our order. I asked my son, what would you like to eat? And I asked him in Spanish. There were a couple of elderly women in front of me and when I asked him right away one of them turned around. I remember my son hadn’t even answered back to my question when she turned around and said, “Why don’t you go back to Mexico where you belong?” That was shocking. It hurt. It really did, really bad.

After ten years of working at the Heinz plant in Muscatine, Rosa decided to return to school, and enrolled at Muscatine Community College. “I was a part-time student working full-time at Heinz and of course my full-time job at home,” Rosa recalled. “I kept very busy.” For several months, she also volunteered at the Muscatine Center for Social Action, and in 1994, she took up a full-time position at the MCSA.

In 1994, Rosa became director of Diversity Service Center of Iowa, a nonprofit in Muscatine, where she offered assistance to immigrants from over forty countries—all of them wanting to become Americans. “My interpretation of being an American,” she says, “is having the opportunity to live, work, and make your dreams come true…together we all make this nation. It doesn’t matter what country you come from.”


(Oral history interview with Rosa Mendoza conducted by Iskra Núñez for the Mujeres Latinas Project, July 14, 2005)

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ROSA MENDOZA (nació en 1960)

“Cuando oigo a alguien decir ‘Soy ‘estadounidense’ [American, en inglés], ¿qué significa eso realmente?”, se pregunta Rosa Mendoza, directora del Diversity Service Center of Iowa (centro de servicios para la diversidad de Iowa) y residente desde hace largo tiempo en Muscatine, Iowa. “¿Qué se siente realmente al ser “estadounidense”?”

Nacida en Florida Central, Rosa se crio en una casa de tres cuartos en el sur de Texas, pero su familia pasaba gran parte del año lejos de la casa, ya que cada abril empezaba un camino de migración circular que la llevaba a campos del otro extremo de Estados Unidos. Comenzaba en Texas, cuando Rosa y sus hermanos dejaban de asistir a la escuela para cosechar cebolla, melón y pimiento en campos de todo ese Estado. Entonces, de ahí se dirigían a Dakota del Norte para cultivar remolacha azucarera en campos ubicados a menos de quince kilómetros de la frontera con Canadá. Algunos veranos iban a Ohio a cosechar tomate y pepino y, los último años, también participaron en la recogida de tomate en New Boston, Illinois. En octubre la familia regresaba a Texas, pero cada noviembre el padre de Rosa iba a Florida para cosechar naranja y toronja. “Trabajando con mis padres en el campo, aprendí mucho sobre ellos”, dice Rosa. “Vi lo duro que trabajaban y lo dedicados que estaban a hacerlo lo mejor posible”.

Aun cuando ella [mi madre] estaba embarazada de uno de nosotros, seguía trabajando en el campo. Incluso recuerdo su último embarazo, de mi hermana Margarita… Me acuerdo que mi mamá le dijo a mi papá, ya habían terminado una de las hileras y estaban al principio del campo junto a la troca bebiendo agua: “Ya estoy sintiendo contracciones”. Así que mi papá le contestó: “Bueno, ¿por qué no vuelves a la casa y se lo dices al patrón?” Y recuerdo ese día tan claramente, recuerdo ver a mi mamá alejarse caminando y cómo yo me quedé allí mirándola hasta que la perdí de vista.

Recuerdo estar en el campo a eso de las cinco de la mañana cuando sachábamos remolacha azucarera y entonces mi papá nos decía: “Bueno, acabemos unas cuantas hileras y después desayunaremos”. Luego, en un determinado momento, levantaba la cabeza y miraba hacia el sol y luego su sombra y decía: “Es hora de almorzar”. Y, del mismo modo, cuando era la hora de acabar [la jornada], él siempre miraba hacia el sol y luego su sombra y entonces decía: “Es hora de ir a la casa”.

En 1977, una recién casada Rosa decidió “salir” de la marea inmigrante y echar raíces en Muscatine. Estaba familiarizada con esta ciudad por el tiempo que había pasado en New Boston, que estaba justo al otro lado del río Mississippi. Sin embargo, recibió una bienvenida muy diferente a la que se había esperado. “La gente nos apreciaba como trabajadores inmigrantes”, recordaba. “Cuando empezamos a instalarnos aquí, entonces nos miraron de manera muy distinta”. Solo algunas familias latinas vivían en Muscatine todo el año, mientras la mayoría regresaban a Texas cada invierno, como lo había hecho la propia familia de Rosa en el pasado.

Recuerdo que estábamos en McDonald’s [en Muscatine]. Estábamos en la fila esperando pedir nuestra orden. Le pregunté a mi hijo en español: “¿Qué quieres comer?” Había un par de señoras mayores delante nuestro y cuando hice la pregunta, inmediatamente una de ellas se volteó. Recuerdo que mi hijo no había respondido aun cuando ella se volteó y dijo: “¿Por qué no regresan a México, que es donde pertenecen?” Fue horrible. Dolió, realmente dolió mucho”.

Después de pasar 10 años trabajando en la planta de la empresa Heinz en Muscatine, Rosa decidió regresar a la escuela y se matriculó en el centro de educación superior Muscatine Community College. “Era una estudiante a tiempo parcial que, por supuesto, trabajaba a tiempo completo en casa”, recordaba Rosa. “Estaba muy atareada”. Durante varios meses también hizo de voluntaria en el Muscatine Center for Social Action (centro para acción social) y, en 1994, aceptó un empleo a tiempo completo en este centro.

Rosa llegó a ser directora del Diversity Service Center of Iowa, una organización sin fin de lucro de Muscatine que ofrece asistencia a inmigrantes de más de cuarenta países; todos quieren llegar a ser estadounidenses. “Mi interpretación de qué es ser estadounidense es tener la oportunidad de vivir, trabajar y hacer que tu sueño se convierta en realidad… juntos, todos nosotros formamos esta nación. No importa de qué país vengas”, explica Rosa.

Translated by students of the course Translation Workshop: English into Spanish taught by Pilar Marcé (Spring 2016).

Mendoza, Rosa