Rick, Mary

Mary Rick

Mary Rick, interviewed for the Mujeres Latinas project by Teresa García in 2007.

Mary García Rick (born 1927)

Written by Catherine Babikian; translated into Spanish by UI students of the course Translation Workshop: English into Spanish, taught by Pilar Marcé, Fall 2015)

Mary García Rick was born in Mason City, Iowa. Her parents, John García and Jessie Orozco García, migrated to Mason City from central Mexico, and moved into #54, Lehigh Row. Located on the outskirts of town, Lehigh Row was home to immigrants from many countries—Russia, Serbia, Italy, Greece, and Mexico—who worked in nearby factories. These included the LeHigh Portland Cement Company, the Mason City Brick & Tile Company, and the American Crystal Sugar Company, a sugar beet refinery.

The fourth of six children, Mary took care of her two younger brothers. Some days she piled them in a wagon and took them down to the nearby creek to dip their toes in the water. Other days, they played jacks and twirled jump ropes. At dusk, the neighborhood kids came together to swap ghost stories. “Everybody was happy,” Mary remembered. “We all got along, it was what you had.”

"There was no sidewalks, that’s for sure. The yards—part of the yard would have a garden or flowers. If you wanted you could fence it off, as if you had a fenced in home, like we have today. The homes were a kitchen, a bedroom, no furnace because it was all done by a heating stove in the middle of the floor, so you got your heat that way. We had a wood burning stove…We had to go across the street [to get water]. There was a pump; everybody would go down to the pump to get their water."

 

Although Mary attended some school, she left after seventh grade. She would later attribute her decision to feeling self-conscious among her classmates. “We felt like we just weren’t good enough,” Mary said. “They tab you, ‘Oh, you’re from Lehigh Row,’ you know?”

When World War II broke out, Mary first delivered telegrams for Western Union before working at Mason City Tent & Awning Company. There she spliced rope to go into tents, which were sent out to the army. “It felt like we were doing something to help,” Mary said. But the war had an even more personal effect on Mary’s life—her older brother, John, was killed in Italy.

"The only consolation from the whole thing was—at the time, they used to say, well, when they would bring the bodies back, we weren’t sure if they’d put the right body in the casket to ship him back. The consolation we had was that my brother was picked up from the field—he had just been over there a month overseas—and when they picked him up, he was still alive, but they took him to the hospital in Italy, so we kind of felt that it was the right body coming home."

 

After the war, Mary candled eggs in a poultry factory. There, she met Lewis Rick, a sailor from Hampton, Iowa. “I come along one day and I slipped on [chicken] poop and he happened to be there,” Mary remembered. “He kept me from falling.” They married in 1950 and had five children.

 

When her children were older, Mary learned to drive—and with her new driver’s license came a new sense of independence. “The high school was offering a course for $35 to go learn how to drive. That was the best $35 I ever spent,” she said. “Waiting for your husband to take you grocery shopping is like pulling teeth.” Most of all, she “vowed” to help anyone else who needed a ride—she wanted others to feel independent as well.

Although Mary’s own parents never returned to Mexico, Mary went twice, first as a chaperone for a church mission trip and then as a chaperone for her son’s class trip. “I could see they [my parents] came to better themselves by coming over here,” she said.

 

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Mary García Rick (nació en 1927)

Mary García Rick nació en Mason City, Iowa. Sus padres, John García y Jessie Orozco García, emigraron a Mason City desde el centro de México y se mudaron a una casa en el número 54  de la calle LeHigh Row.  Situada a las afueras de la ciudad, LeHigh Row era el hogar de inmigrantes de varios países (Rusia, Serbia, Italia, Grecia y México) que trabajaban en fábricas cercanas como la empresa cementera LeHigh Portland Cement Company, la fábrica de ladrillos y tejas Mason City Brick & Tile Company y la refinería de azúcar de remolacha American Crystal Sugar Company.

La cuarta de seis hermanos, Mary cuidaba de los dos menores. Unos días, los apiñaba en una carretilla y se los llevaba al arroyo cercano para que metieran los pies en el agua. Otros, jugaban a los cantillos y saltaban a la cuerda. Al anochecer, los niños del barrio se juntaban para contarse historias de fantasmas. “Todos éramos felices y nos llevábamos bien; era lo que teníamos”, recordó Mary.

“No había acera, desde luego. Los patios…, en una parte del patio había un huerto o flores. Si querías, podías vallarlo; como si tuvieras casa vallada, como la que tenemos hoy en día. Las casas tenían una cocina, un cuarto, no había calefacción porque todo el calor provenía de una estufa en el centro del piso, de esa manera se conseguía calor. Teníamos una cocina de leña...  teníamos que cruzar la carretera [para conseguir agua]. Había una bomba manual; todos iban allí a buscar agua.”

Aunque Mary asistió a la escuela por un tiempo, dejó de ir después del séptimo grado.  Después, atribuyó su decisión a sentirse cohibida entre sus compañeros de clase. “Sentíamos que no éramos lo suficiente buenos”, explicó Mary. “Los compañeros te etiquetaban, ‘¡Ah!, eres de Lehigh Row’, ¿sabe lo que quiero decir?”

Cuando estalló la Segunda Guerra Mundial, Mary repartió telegramas para Western Union antes de trabajar para Mason City Tent & Awning Company, una compañía que vendía equipo de campamento, en la que ayustó cuerda para las tiendas de campaña que luego se enviaban para el ejército. “Nos daba la sensación de que estábamos haciendo algo para ayudar”, dijo Mary. Sin embargo, su vida se vio directamente afectada por la guerra; su hermano, John, murió en Italia.

”El único consuelo de todo el asunto fue que, en aquella época, se decía, pues, cuando devolvían los cuerpos, no estábamos seguros de que el cuerpo enviado en el ataúd fuera el correcto. Nuestro consuelo fue que recogieron a mi hermano del campo de batalla, él apenas había estado un mes en el extranjero, y cuando lo hicieron, todavía estaba vivo, pero lo llevaron a un hospital en Italia, así que estábamos bastante convencidos de que sí era su cuerpo el que regresaba a casa."

Después de la guerra, Mary trabajó examinando huevos en una empresa de aves de corral. Ahí conoció a Lewis Rick, un marinero de Hampton, Iowa. “Un día que estaba ahí, fui y me resbalé en popó [de pollo] y ahí él estaba de casualidad”, recordó Mary. “Él me agarró para que no me cayera.” Se casaron en 1950 y tuvieron cinco hijos.

Cuando sus hijos fueron ya mayores, Mary aprendió a manejar y su nueva licencia para manejar le dio una nueva sensación de independencia. “La escuela secundaria ofrecía un curso para aprender a manejar que costaba $35. Fueron los $35 que mejor he gastado. Tener que esperar a que tu marido te lleve a hacer la compra se hace muy penoso”, dijo Mary. Sobre todo, ella “juró” que ayudaría a todos los que necesitaran transporte, porque quería que otros también se sintieran independientes.

Aunque los padres de Mary nunca regresaron a México, ella fue allí dos veces de chaperona. Primero, en un viaje misionero de la iglesia y, después, en un viaje escolar junto con la clase de su hijo. “Pude ver cómo [mis padres] vinieron aquí en busca de una vida mejor”, comentó Mary.

(Translated by students of the course Translation Workshop: English into Spanish, Fall 2015)

Rick, Mary